
clevelandart 1744 oxfordreference wiki 1745 wiki LAS BALLESTAS Y EL PUNTO DE FUGA En cuanto a las ballestas, también pudiera ser que el Bosco las pintara en alegoría a la denominada «perspectiva inversa» 1744, una técnica algo primitiva, de uso en épocas prerrenacentistas, principalmente en el arte Bizantino, lo que de paso le permitiría relacionar las dos ballestas con la figura de Jesús. Pero, más que para pintarlas en perspectiva, intuía que el Bosco utilizó las ballestas para ilustrar el concepto de perspectiva 1745 al que tanto énfasis se le dio en su época. La distinción era sutil pero importante. Al no pintar, sino ilustrar, la perspectiva, el Bosco convertía el punto de fuga en su contrario, es decir, en el punto de observación, en primer plano al otro extremo del tríptico, sobre la mano de Jesús y no en la línea de horizonte. Desde el plano de la pintura .plano de la ballesta menor. los rayos de luz convergían hacia el punto de observación, en la mano de Jesús, y divergían en la dirección contraria, hacia la ballesta mayor, obligando a que, cuanto más se alejara la segunda ballesta del plano de la pintura, más tuviera que aumentar su tamaño para que su proyección sobre el plano no variase. Y quizá fuera esta la idea que el Bosco

quisiera trasmitir, y la que le llevó a ilustrar la perspectiva y no a pintarla; porque de esta forma establecía otra clave más que sugería el porqué de los gigantescos elementos del panel derecho del tríptico. Cuanto más se aleja uno de la mano de Dios, mayor es el pecado, el sufrimiento y la muerte. Entre las dos ballestas, sobre la figura hueca, aparecían dos gaitas: una pequeña, pintada en la bandera en lo alto de la rama de la que colgaba la primera ballesta; la otra gigantesca y real, sobre la plataforma circular que sostenía sobre su cabeza la figura hueca. El Bosco parecía así apuntar de nuevo a las ballestas, a su perspectiva; porque la bandera sugería el cristal, lienzo y plano de la pintura sobre el que se proyectaba la gigantesca gaita. Y aún vi otra pareja de instrumentos hermanos, de distintas dimensiones. El gigantesco laúd, en el panel derecho, tenía su equivalente frutal en el panel central, en la esquina inferior izquierda, en un delicioso laúd de dimensiones normales, también dorado, adornado ahora de flores, en manos de un hombre desnudo que giraba la cabeza hacia su izquierda para mirar hacia el panel derecho, hacia el gigantesco laúd del Infierno. Y aún distinguí a durísimas penas otro laúd, más bien sus restos, tan desgastado por el tiempo estaba el pobre. Aparecía en manos de una bestia igual de desgastada, apostada de pie en lo