
que llegaban a los ojos de los pájaros. El dibujo dio forma a una letra jota, como la jota del Guernica, indicativa allí de que el hombre en el suelo, con una espada en su mano, también era símbolo de Jesús. En la parte inferior del panel derecho de El jardín de las delicias también había un hombre en el suelo, con una espada en la mano, y en una posición similar a la de crucifixión. Curiosamente, la línea superior de la jota, entre la eme del cuchillo superior y la punta de la lengua, se cruzaba en un mismo punto con la diagonal secundaria y con la línea que unía las puntas de los cuchillos, sobre la boca de la figura hueca. Las dos primeras líneas se cruzaban en ese punto enmarcando la nariz y los ojos de la enorme figura hueca como las diagonales de los paneles agrupados enmarcaban la nariz y los ojos de la enorme y divina cabeza (1), en el panel central; la tercera línea vertebraba el rostro de la figura hueca. Pero la verdadera sorpresa surgió al unir los ojos de los dos pájaros. Primero noté que la línea, si se extendía hacia abajo, llegaba hasta los ojos de la mujer en la cueva. Luego, al extender la línea hacia arriba, comprobé atónito que la línea también llegaba hasta la pupila de la construcción símbolo del ojo derecho de la cabeza (1). También noté que el único ojo visible .el izquierdo. del pájaro superior aparecía en la misma vertical que el ojo derecho de una rapaz

nocturna, una especie de mochuelo 1729, situado un poco más arriba; y lo mismo ocurría con el único ojo visible .el derecho. del pájaro inferior, respecto del otro ojo del ave rapaz. Curiosamente, esta misma relación se daba entre los ojos del escribiente y los reflejos en el ojo del gigantesco pájaro sentado en su trono, en el panel derecho. 1729 google:[imágenes web] wiki 1730 google:[imágenes web] wiki Me fijé de nuevo en el enorme mochuelo, a la derecha del panel central. En el extremo opuesto, en la misma horizontal, en las aguas poco profundas, el Bosco había pintado otra rapaz nocturna, un especie de cárabo 1730, también enorme. Al fijarme en esta ave me llamó la atención el grisáceo hombre que la abrazaba. Los ojos de este hombre miraban hacia el espectador, como reclamando su atención, en la misma actitud que aquel que sostenía por la muñeca el brazo de la mujer a la que abrazaba. Los brazos del hombre, delante y detrás del cárabo, parecían marcar .al flanquear. con sus manos uno de los ojos del animal, el derecho. El Bosco insistía en los ojos; parecía dotarles de un significado especial; utilizaba relaciones en forma de líneas rectas para marcarlos. Así ocurría con los dos pájaros junto a la cueva, y con el enorme mochuelo, y con el enorme cárabo, y con el falso profeta, y con el enorme pájaro en su trono…