arrancada en bendición, a los pies del panel, 
mientras que el eje principal de la otra ballesta 
apuntaba al hombre crucificado dentro de la 
gigantesca arpa. Ni Dios jugaba a los dados ni el 
Bosco pintó las direcciones al azar. Así lo 
confirmaban las ballestas, tanto las de El 
Descendimiento como las de El jardín de las 
delicias, ballestas que, en este último caso, 
dirigían cada cual su eje secundario .la cuerda, 
perpendicular al eje principal. hacia una de las 
dos emes mayúsculas grabadas cada cual en la 
hoja de su gigantesco cuchillo, con uno de estos 
dos ejes .el de la ballesta en el interior de la 
figura hueca. atravesando luego el cáliz, 
vertebrándolo y uniéndolo a la hostia, caída un 
poco más allá, sobre la gigantesca lengua. Todas 
estas relaciones sugerían interpretaciones de la 
escena fascinantes. 

Pero no, aún no era suficiente para el Bosco, 
que también quiso que la imaginaria línea vertical 
que partía de los dedos de la mano arrancada en 
bendición y ascendía atravesando los dos dados, 
llegara al mismo centro de la ballesta izquierda, 
en el interior de la figura hueca, y continuara 
desde allí su ascensión para llegar a la eme 
mayúscula grabada en el cuchillo de la izquierda. 
Todas estas relaciones me parecieron tan 
ingeniosas que acabaron de convencerme de que 
en el tríptico, al igual que en el Guernica de 
Picasso, se hacía referencia explícita a El

Descendimiento, de Roger van der Weyden, para 
con ello introducir el simbolismo de Jesús 
crucificado, y apuntar con ello a la Muerte, entre 
otros asuntos. 

Y aún encontré más relaciones de este tipo, 
líneas que comenzando en algún punto de cierta 
relevancia interpretativa se prolongaban y servían 
de referencia para situar elementos relevantes de 
las escenas por las que pasaba. Así ocurría, por 
ejemplo, con la línea horizontal que partía de la 
letra eme mayúscula del cuchillo derecho y 
atravesaba la rana del estandarte que sostenía el 
caballero armado, para pasar luego por la rodilla 
y barriga de la gigantesca figura hueca, y acabar 
justo en el punto inferior del cráneo de caballo, en 
el extremo de su dentadura; y al adentrarse en el 
panel central, la línea llegaba hasta el centro del 
circular estanque central. Las varas de hierro que 
salían del cráneo de caballo le daban cierto aire 
de unicornio; y había un unicornio, a esa misma 
altura, en el panel central; y lo había hasta en el 
panel izquierdo, y a esa misma altura, de ojo a ojo. 

Otro ejemplo, de cómo el Bosco se había 
valido de imaginarias líneas rectas para diseñar su 
composición, se revelaba al ascender en línea 
recta y vertical desde el punto en el que el estilete 
atravesaba la mano del hombre en manos de la 
rata humana, a los pies del panel derecho. Al 
ascender por esta línea se podía intuir cómo el 
Bosco la había tomado como referencia para
15 -2 -1 -1 +1 +1 +2 15 -2 -1 -1 +1 +1 +2