pájaro sentado en el trono: la gota, como la esfera 
traslúcida en la flor, también contenía a dos 
personas, si bien parcialmente. Todo parecía 
sugerir que la escena en la gigantesca flor, en el 
panel central, y la escena en torno al pozo negro 
del panel derecho formaban parte de un mismo 
relato. Las escenas del tríptico sugerían múltiples 
relatos, complejos, interconectados, relacionados 
con el fin de apuntar castigos a placeres, o de 
aportar claves conducentes a otras 
interpretaciones. 

Nada más sencillo y sutil que una línea recta 
para relacionar los paneles entre sí e interconectar 
sus contenidos. Había muchos ejemplos en el 
tríptico, algunos evidentes a primera vista, por su 
tamaño, como el de las dos explícitas y 
gigantescas orejas, en el panel derecho, situadas 
en la misma línea horizontal que las no tan 
explícitas pero sí más gigantescas orejas de la 
cabeza (1), en panel central: las unas confirmaban 
la existencia de las otras, gracias a esta simple 
relación. Con estos precedentes, tampoco parecía 
casual que la diagonal principal de cada uno de 
estos dos paneles pasara por estas orejas. Todas 
las concordancias parecían un mar de claves 
destinadas a facilitar la comprensión de la obra. 

Y encontré más relaciones geométricas. Las 
hallé incluso en las dos ballestas del panel 
derecho, el del Apocalipsis: el eje principal de la 
ballesta de la derecha apuntaba a la mano

arrancada en bendición, a los pies del panel, 
mientras que el eje principal de la otra ballesta 
apuntaba al hombre crucificado dentro de la 
gigantesca arpa. Ni Dios jugaba a los dados ni el 
Bosco pintó las direcciones al azar. Así lo 
confirmaban las ballestas, tanto las de El 
Descendimiento como las de El jardín de las 
delicias, ballestas que, en este último caso, 
dirigían cada cual su eje secundario .la cuerda, 
perpendicular al eje principal. hacia una de las 
dos emes mayúsculas grabadas cada cual en la 
hoja de su gigantesco cuchillo, con uno de estos 
dos ejes .el de la ballesta en el interior de la 
figura hueca. atravesando luego el cáliz, 
vertebrándolo y uniéndolo a la hostia, caída un 
poco más allá, sobre la gigantesca lengua. Todas 
estas relaciones sugerían interpretaciones de la 
escena fascinantes. 

Pero no, aún no era suficiente para el Bosco, 
que también quiso que la imaginaria línea vertical 
que partía de los dedos de la mano arrancada en 
bendición y ascendía atravesando los dos dados, 
llegara al mismo centro de la ballesta izquierda, 
en el interior de la figura hueca, y continuara 
desde allí su ascensión para llegar a la eme 
mayúscula grabada en el cuchillo de la izquierda. 
Todas estas relaciones me parecieron tan 
ingeniosas que acabaron de convencerme de que 
en el tríptico, al igual que en el Guernica de 
Picasso, se hacía referencia explícita a El
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