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para que volviese a profetizar sobre pueblos, naciones, lenguas y reyes. Y lo cierto es que el libro en boca de Juan, en el grabado de Durero, parecía salir de la boca de una cabeza divina .cabezas (14), de múltiples candidatos a ojos., de perfil en la nube y radiante ojo en la cabeza del ángel. De boca a boca, así se transmitía el libro. Y la cabeza (14) adquiría rasgos de simio, bien mirada de bien lejos. Y su ojo se transformaba en boca de otra cabeza .cabeza (15)., con ojo en el templo de Dios abierto en el cielo. En este contexto tenía sentido que apareciese un libro abierto junto a la figura hueca, bajo los dos gigantescos instrumentos. El libro, una especie de partitura coral, sin duda había de ser dulce en la boca de quien lo cantase. Junto al libro aparecía una bestia antropomorfa, vestida con túnica roja, del mismo color que su piel, y boca abierta como de pez, o serpiente: la bestia extendía su fina y larguísima lengua hacia el libro abierto, potenciando así la conexión con el texto. El hecho de que la partitura apareciera tatuada en el trasero del hombre desnudo tumbado sobre el libro abierto, y aplastado por el laúd, también sugería que el destino del libro abierto era el de ser comido, pues luego iba a ser digerido y expulsado por donde el tatuaje. El hombre vestido de rojo en la esquina inferior derecha del panel, el hombre con la carta pequeña .o libro. en su mano izquierda y la carta

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grande .o libro. sobre la cabeza, encontraba un buen paralelismo en la figura hueca, que ahora simbolizaba al ángel con el libro pequeño en su mano y la plataforma circular sobre su cabeza. La proporción entre los tamaños de ambas cartas coincidía era la misma que la existente entre el libro abierto .bajo el laúd. y la plataforma circular. El Bosco parecía recurrir a la misma técnica compositiva que siglos más tarde introduciría Picasso en el Guernica: flexibilizar la representación de los personajes para posibilitar que fueran identificados de más de una manera, todas ellas coherentes con sus respectivos relatos. CAPÍTULO XI En el siguiente capítulo 1622 del Apocalipsis, Juan escribía: «1Y me fue dada una caña semejante a una vara , y me fue dicho: RLevántate y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. 2Y echa fuera el patio que está fuera del templo, y no le midas porque es dado a los gentiles, y pisarán la santa ciudad cuarenta y dos meses. 3Y daré a dos de mis testigos, y ellos profetizarán por mil doscientos sesenta días .cuarenta y dos meses proféticos, según decía una nota a pie de página., vestidos de sacos. 4Estos son las dos olivas y los dos candeleros que están delante del Dios de la tierra. 5Y si alguno 1622 Apocalipsis 11 vatican:[español latín] latinvulgate biblos

15 -2 -1 -1 +1 +1 +2 1027 1027 1027 15 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.biblegateway.com/passage/?book_id=73&chapter=11&version=6 http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__P117.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_nt_apocalypsis-ioannis_lt.html#11 http://www.latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=1&b=27&c=11 http://www.biblos.com/text/revelation/11-1.htm