cuchillo a la espalda de la rata humana, a los pies 
del panel. Y al alzar su mano, el ángel juró, por el 
que vive por los siglos de los siglos, creador del 
cielo, y de todo cuanto el cielo alberga, y de la 
tierra, y de todo cuanto la tierra alberga, y del mar, 
y de todo cuanto el mar alberga: «¡Se acabo el 
tiempo de espera! En los días de la voz del 
séptimo ángel, cuando toque su trompeta, el 
misterio de Dios será consumado, tal y como fue 
evangelizado por sus sirvientes los profetas». Y 
una voz procedente del cielo le dijo a Juan: 

«VadeVe 
accipey acepta 
librumel libro 
apertumabierto 
dede 
manula mano 
angelidel ángel 
stantisque está de pie 
suprasobre 
mareel mar 
ety 
suprasobre 
terramla tierra
». 

Y Juan corrió hacia el ángel y le rogó que le 
diera el libro. Y el ángel respondió: 

«AccipeAcepta 
ety 
devoradevóra 
illumlo; ety 
faciethará 
amaricareamargar 
ventremel vientre 
tuumtuyo, sedpero 
inen 
orela boca 
tuotuya 
eritserá 
dulcedulce 
tamquamtanto como 
mella miel
». 

Y Juan tomó el libro y se lo comió: y en su 
boca fue dulce; pero en su estómago fue amargo. 
En el siguiente versículo, último del capítulo, 
Juan era requerido como profeta, una vez más,

para que volviese a profetizar sobre pueblos, 
naciones, lenguas y reyes. Y lo cierto es que el 
libro en boca de Juan, en el grabado de Durero, 
parecía salir de la boca de una cabeza divina 
.cabezas (14), de múltiples candidatos a ojos., 
de perfil en la nube y radiante ojo en la cabeza del 
ángel. De boca a boca, así se transmitía el libro. Y 
la cabeza (14) adquiría rasgos de simio, bien 
mirada de bien lejos. Y su ojo se transformaba en 
boca de otra cabeza .cabeza (15)., con ojo en 
el templo de Dios abierto en el cielo. 

En este contexto tenía sentido que apareciese 
un libro abierto junto a la figura hueca, bajo los 
dos gigantescos instrumentos. El libro, una 
especie de partitura coral, sin duda había de ser 
dulce en la boca de quien lo cantase. Junto al 
libro aparecía una bestia antropomorfa, vestida 
con túnica roja, del mismo color que su piel, y 
boca abierta como de pez, o serpiente: la bestia 
extendía su fina y larguísima lengua hacia el libro 
abierto, potenciando así la conexión con el texto. 
El hecho de que la partitura apareciera tatuada en 
el trasero del hombre desnudo tumbado sobre el 
libro abierto, y aplastado por el laúd, también 
sugería que el destino del libro abierto era el de 
ser comido, pues luego iba a ser digerido y 
expulsado por donde el tatuaje. 

El hombre vestido de rojo en la esquina inferior 
derecha del panel, el hombre con la carta pequeña 
.o libro. en su mano izquierda y la carta
15 -2 -1 -1 +1 +1 +2 15 -2 -1 -1 +1 +1 +2 1027 1027 1027