su cabeza; y su rostro era como el sol, y los pies 
como columnas de fuego, el derecho sobre el mar, 
el izquierdo sobre la tierra; y portaba un librito 
abierto en su mano. Esta descripción podía 
hacerse encajar con la figura hueca, aún más 
después de observar la forma en que Durero 
representaba al ángel en su grabado 1621. El 
gigantesco ángel pintado por Durero tenía por 
torso el espacio vacío enmarcado por una difusa 
nube, que en el tríptico del Bosco se trasformaba 
en cáscara del hueco huevo. Las dos columnas y 
el fuego, en el grabado de Durero, se proyectaban, 
en el panel derecho, en los dos troncos de la 
figura hueca y en el fuego a sus pies: de hecho, el 
árbol principal en el grabado de Durero tenía 
tronco antropomorfo .cuerpo (13).. Y los 
barcos aparecían en la mar; y un mástil sugería 
una ballesta. Y si el ángel de Durero lucía nimbo 
áureo, la figura hueca lucía plataforma circular. 
La similitud no podía ser mayor, dentro de las 
diferencias propias de la originalidad e 
imaginación artística. El ángel de Durero no tenía 
brazos visibles, solo manos, como tampoco 
parecía tenerlos la figura hueca que pintó el 
Bosco. La mano derecha del ángel se alzaba hacia 
los cielos en la misma pose que la mano clavada a 

1621 Johannes, das Buch verschlingend de Apocalipsis cum figuris 
(1498), de Albrecht Dürer, Kunsthalle zu Kiel (A.B. 1168), Kiel. 

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cuchillo a la espalda de la rata humana, a los pies 
del panel. Y al alzar su mano, el ángel juró, por el 
que vive por los siglos de los siglos, creador del 
cielo, y de todo cuanto el cielo alberga, y de la 
tierra, y de todo cuanto la tierra alberga, y del mar, 
y de todo cuanto el mar alberga: «¡Se acabo el 
tiempo de espera! En los días de la voz del 
séptimo ángel, cuando toque su trompeta, el 
misterio de Dios será consumado, tal y como fue 
evangelizado por sus sirvientes los profetas». Y 
una voz procedente del cielo le dijo a Juan: 

«VadeVe 
accipey acepta 
librumel libro 
apertumabierto 
dede 
manula mano 
angelidel ángel 
stantisque está de pie 
suprasobre 
mareel mar 
ety 
suprasobre 
terramla tierra
». 

Y Juan corrió hacia el ángel y le rogó que le 
diera el libro. Y el ángel respondió: 

«AccipeAcepta 
ety 
devoradevóra 
illumlo; ety 
faciethará 
amaricareamargar 
ventremel vientre 
tuumtuyo, sedpero 
inen 
orela boca 
tuotuya 
eritserá 
dulcedulce 
tamquamtanto como 
mella miel
». 

Y Juan tomó el libro y se lo comió: y en su 
boca fue dulce; pero en su estómago fue amargo. 
En el siguiente versículo, último del capítulo, 
Juan era requerido como profeta, una vez más,
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