1022

Analicé detalladamente el panel derecho de El jardín de las delicias. Encontré siete instrumentos musicales de viento, quizá símbolo de las siete trompetas, aunque no me fiaba de mi cuenta por lo complicado que resultaba la búsqueda entre tanto personaje. Cinco de los siete instrumentos aparecían en la mitad inferior, quizá en referencia a la escena descrita tras el toque de la quinta trompeta. Sobre la cabeza de la figura hueca, en el centro de la plataforma plana y circular, aparecía la gigantesca gaita rosa, el primero de los otros dos restantes instrumentos de viento. Al fijarme en los personajes situados en torno a ella se me ocurrió que quizá también esta escena fuese una clave destinada a la correcta interpretación del panel central. Las tres bestias antropomorfas que daban vueltas alrededor de la plataforma se me antojaron femeninas, por su apariencia y por el sexo de sus acompañantes: cada cual llevaba de la mano a un hombre desnudo. La cuarta bestia asomaba tras la gigantesca gaita. Y la quinta, sentada sobre el fuelle, aferrada de pies y manos al puntero, tocaba la gaita. La escena parecía suplicar ser conectada con la del panel central, cuando se interpretaba en términos de los hijos de Dios y las hijas de los hombres, es decir, cuando los hijos de Dios cabalgaban en torno al pequeño estanque cortejando a las hijas de los hombres, situadas en

1023

el centro. Si en el panel central era los hijos de Dios quienes elegían a las hijas del hombre .elegidas a la fuerza, a tenor del gesto de Eva en el paraíso., en el panel derecho era una bestia femenina la que elegía .a la fuerza. al hijo de Dios, castigándole con el mismo instrumento de su pecado, aplicándole la misma ley del Talión que parecía imponerse sobre el resto de personajes torturados en el panel. Así es la ley del infierno. Los sucesos asociados al toque de la sexta trompeta se relataban de forma extensa, desde el versículo trece del capítulo nueve hasta la mitad del capítulo once. El ángel liberaba a los cuatro ángeles encadenados junto al río Éufrates, preparados ya para la hora, día, mes y año en que debían exterminar a una tercera parte de la humanidad. Con la ayuda de sus ejércitos a caballo, en número de doscientos millones, los cuatro ángeles cumplían su misión valiéndose de tres plagas: una de fuego, otra de humo, otra de azufre, que salían de la boca de los caballos. El fuego, el humo, el azufre, los ejércitos y una ingente cantidad de hombres perseguidos se daban cita en la parte alta del panel derecho de El jardín de las delicias, sugiriendo esa lucha desigual, tan devastadora. Ni aun después de haber sufrido estas plagas los hombres que sobrevivieron se arrepintieron de sus malas obras, ni dejaron de adorar los ídolos

15 -2 -1 -1 +1 +1 +2 15 -2 -1 -1 +1 +1 +2