
resplandor bien podía simbolizar esa estrella. Y la inmensa llave colgada de la vara inserta en la cuenca del ojo derecho del gigantesco cráneo animal, tras la figura hueca, bien podía simbolizar la llave del pozo del abismo. Y si pensaba que esto bien pudiera ser así era porque, entre otras cosas, la lanza que sostenía la llave apuntaba justo hacia la caseta: de nuevo otra línea recta, un recurso básico para relacionar dos símbolos, pero muy socorrido. El texto proseguía diciendo que al abrir el pozo del abismo salió humo de él: también en el panel, junto a la casa, había chimeneas de sulfurosos humos infernales. La narración proseguía diciendo que del pozo salieron langostas a las que no solo se dio orden de torturar sin matar a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios, sino de prolongarles la agonía durante cinco meses, nada menos, de forma que fuera tan grande su sufrimiento que los hombres llegaran a querer morir pero no pudieran hacerlo; porque la Muerte, cómplice de la tortura, huiría de ellos. Decía el texto que las langostas eran como caballos preparados para la guerra, su cara parecida a la humana, sus cabellos como de mujer, sus dientes de león, su cuerpo como corazas de hierro, y su cola de escorpión: unos perros a los pies del panel sugerían esas formas. Y sobre ellos tenían a su

rey, el ángel del abismo, también llamado Abadón 1616, en hebreo, y Apolión, en griego, y ángel Exterminador, en latín, gigantesco pájaro en su trono, en el infierno de El jardín de las delicias. Observé la forma de los ángeles en los grabados de Durero: su forma era la convencional, la de un humano con alas de pájaro. El Bosco, que huyó de los convencionalismos, convertía al humano en pájaro y a las alas del pájaro en brazos humanos: menudo pájaro, el de recursos humanos. Allí estaba el rey, sobre su trono, en su Private Water Closet. Allí estaba el ángel del abismo 1617, del pozo sin fondo, coronado por un oscuro y metálico caldero esférico de tres pequeñas patas, con el asa haciendo de correa bajo el cuello, para que no se le fuera la olla. El ángel del abismo, el demonio, el Infierno… todos parecían personajes similares, si no el mismo, de ahí que tuviera su sentido representarlos en una misma figura. El gigantesco y antropomorfo pájaro sentado en su trono se zampaba a un hombre de cuyo explosivo ano salían aves y humos, quizá símbolo del humo y las langostas que según el texto emergieron del pozo del abismo. 1616 wiki 1617 jw biblegateway biblez wiki google:traductor Toda esta escena, asociada a la quinta trompeta .anunciadora de esta primera calamidad, primer ¡ay! de los tres que pronunció el águila.,