
tocar!». También esta escena parecía trasladarse al panel derecho de El jardín de las delicias, en el entorno de otra escalera, la cuarta. Era precisamente en ese punto del recorrido en el que se hacía la oscuridad y aparecía la tenebrosa luz característica de la parte alta del panel; y en primer plano un ave descendía en picado, a imagen del águila en el grabado 1614 de Durero correspondiente a las cuatro primeras trompetas, aunque más pequeña y oscura, y orientada en la otra diagonal. Por primera vez en la serie, Durero introducía sobre la tierra un elemento divino desproporcionadamente grande en relación a las medidas humanas: dos manos gigantescas arrojaban al mar un monte ardiendo. En el panel derecho de El jardín de las delicias, el Bosco utilizaba extensamente este recurso apocalíptico. 1614 Die sieben Posaunenengel de Apocalipsis cum figuris (1498), de Albrecht Dürer, Kunsthalle zu Kiel (A.B. 1166), Kiel. kunsthalle-kiel:[obra] musenor google:traductor 1615 Apocalipsis 9 vatican:[español latín] latinvulgate biblos CAPÍTULO IX Pasé al capítulo nueve 1615. El relato asociado a la quinta trompeta abarcaba los doce primeros versículos. La infernal escena que describía el texto también se podía hacer coincidir con lo pintado en el panel. Sin embargo, en este caso había que suponerle al Bosco una estrategia

sorprendente. De seguir el método de colocar la escena junto a la siguiente escalera por la que ascendiera algún personaje, el Bosco habría tenido que pintar su versión de los versículos en un plano muy lejano y oscuro, en el que nada hubiera sido perceptible. La única alternativa posible pasaba por situar en el entorno de la escalera solo el comienzo del texto, puesto que solo el comienzo de la escena podía hacerse visible de situarse en esa posición del panel. En ese entorno llamaba la atención una pequeña caseta situada junto a la escalera, en una posición para nada casual. Aparecía rodeada de la oscuridad y destrucción reinante en la parte alta del panel, en el mismo centro horizontal, pintada en color negro por estar a contraluz, como el resto de ruinosas construcciones. Tenía tan sólo una apertura al exterior, a modo de puerta, iluminada también a contraluz; y en la parte inferior se apreciaba la oscura silueta de un personaje. La caseta se sostenía sobre unos pilares inclinados, unidos en pirámide; y tras ella refulgía un resplandor, en forma de cruz, como el de una estrella, dando al conjunto la apariencia de un molino con aspas de luz. La imagen encajaba con el primer versículo, que decía que al tocar el quinto ángel la quinta trompeta cayó del cielo una estrella a la que le fueron dadas las llaves del pozo del abismo, escena que Durero incluía en el grabado de las cuatro primeras trompetas. El